El camino de regreso...

En el andar cotidiano por el mundo a veces nos encontramos con situaciones y realidades que atrapan nuestra atención, generan sentimientos cruzados, discusiones que demandan energía emocional, y hasta logran inmiscuírse en nuestros sueños... Puede ser difícil ver cómo estos temas son un espejo de lo que nos está pasando, y entonces andamos tratando de resolver algún problema por fuera que en realidad se perpetúa hasta que lo resolvemos por dentro. Podemos incluso encontrar un espacio institucional donde se busca operar sobre una dinámica macrosocial, que si hilamos fino, desde el vamos esa dinámica ocurre en casa...  

Sin embargo, por más que muchas veces digamos que el cambio "empieza por casa", primero necesitamos "volver a casa", y a veces eso se hace difícil porque nos damos cuenta que estamos verdaderamente perdidos en la neblina... enganchados en la trama o el guión de alguna película que nos llena el vacío de sentido, alimentando nuestros sueños diurnos para no registrar las pesadillas nocturnas.

A veces, nos encontramos enroscados luchando contra enormes monstruos; en el mejor de los escenarios posibles, luchamos con un equipo, en grupo; en el peor, estamos solos y enfrentando molinos de viento... En cualquier caso, mejor que andar sufriendo por la pérdida de sentido, buscando venganza, juzgando y culpando a quien ande por ahí, resulta mejor cooperar con quien conozca el terreno en el que estamos perdidos, que nos ayude a disipar la neblina, o ver a través de ella, para identificar cuál es el verdadero problema, vislumbrar un horizonte que oriente, y trazar algún mapa para volver al camino, y emprender el regreso a casa, a sabiendas de cuál es esa tarea que tenemos que hacer para autosuperarnos... y todavía, ahí es donde el laburo recién empieza!

Siempre hay una razón que nos evita mirar cómo andamos por adentro, con eso que vemos afuera... pero hacerlo sí que da buena pasta para crecer.

Carta Compuesta: principios básicos para su interpretación

Artículo original escrito por Nic Gaudette
P
ublicado como "Composite Chart Basics" en Astrology Weekly
Traducción al español de Nicolás Boqué



Una carta compuesta es la carta de una relación. Se ve la relación como una entidad separada a cada uno, y se le hace una carta. Hay un par de cosas que mirar en una carta compuesta para entender mejor una relación. Lo primero es ver el ascendente de la carta compuesta. El ascendente es la cúspide de la casa 1, y el signo en el que caiga puede mostrar cómo se llevarán como pareja. Si el ascendente compuesto está en un grado crítico*, su relación puede no darse como esperarían, o la gente puede tener grandes dificultades para entender su relación  (*N. del T.: grados críticos en los signos Cardinales: 0, 13, 26; Fijos: 8-9 y 21-22; Mutables: 4 y 17)

Luego, enfocate en el Sol, la Luna y Venus. El Sol y la Luna son importantes en la carta natal como también lo son en la compuesta. El Sol es la identidad de la relación, y la Luna es lo que la relación necesita para ser estable. Venus es importante si es una relación romántica, ya que es el planeta del amor, así que el Venus compuesto puede mostrar cómo se expresa el amor en la relación.

Lo siguiente es ver las casas 1, 5 y 7, no sólo los signos donde caen sus cúspides, también si hay planetas en ellas. La casa 5 rige el amor y el romance, y la 7 rige los compromisos. Tener el Sol, la Luna, Venus, Marte o Júpiter en cualquiera de estas casas es beneficioso para la relación.

Para la química sexual, mira la casa 5 y la 8 (la 5 es más juguetona al respecto, la 8 más seria e intensa), así como la relación entre Venus y Marte compuesto, y su punto medio. Venus en sextil o trígono a Marte da facilidad a la expresión de la energía, mientras que cuadraturas y oposiciones dan más temperatura. Una conjunción es la química más fuerte, imposible de ignorar. ¡A menos que sea en la casa 12!

La casa 12 es la casa de lo oculto, así que si hay planetas compuestos en esa casa, su energía puede ser difícil de expresarse en la relación. En las relaciones amorosas, puede ser difícil expresar sentimientos y afecto si la Luna o Venus están allí.

También observa a Júpiter y Saturno compuestos al hacer la carta. Un Júpiter feliz hace las cosas mucho más agradables, pero también puede dar lugar a la vagancia. Su influencia expansiva se va a sentir en la relación a partir de la casa en la que se encuentre. Saturno puede ayudar a crear un compromiso duradero, y los ángulos duros (conjunción, cuadratura, oposición) pueden ser buenos, pero no quieres que haya demasiados, porque si no puede volver las cosas muy difíciles. La influencia restrictiva de Saturno se siente en la casa en la que está.

Además de ver la carta compuesta en sí, puedes comparar cada carta con la compuesta para ver cómo la relación afecta a cada uno como individuo. Todos hemos visto que las relaciones pueden ser mejores para una persona que para la otra, lo que se vuelve evidente cuando comparas cartas individuales a la compuesta.

Puedes usar la carta compuesta para hacer predicciones también, como con una carta natal. Presta atención a los aspectos a las cúspides de las casas 1, 5 y 7, y sus regentes, aspectos al Sol, Luna y Venus, y movimiento planetario a través de las casas compuestas. Aspectos duros de Saturno, Urano, Neptuno y Plutón pueden mostrar períodos de dificultades en la relación, y si hay varios a la vez, pueden señalar el quiebre de la misma. Aspectos positivos de Júpiter y Saturno pueden mostrar compromiso mutuo.


(N. del T.: Puede ver la carta compuesta de una relación entre dos personas en Carta-Natal.es y de dos o más personas con una cuenta gratuita en AstroDienst seleccionando la opción correspondiente en la lista de tipos de carta)

Tantreando con Nietzsche

Fragmento del Libro "Asi hablaba Zaratustra".


Ir más allá del mundo, o autosuperarse?
'De los trasmundanos'

En otro tiempo también Zaratustra proyectó su ilusión más allá del hombre, lo mismo que todos los trasmundanos. Obra de un dios sufriente y atormentado me parecía entonces el mundo. Sueño me parecía entonces el mundo, e invención poética de un dios; humo coloreado ante los ojos de un ser divinamente insatisfecho. Bien y mal, y placer y dolor, y yo y tú - humo coloreado me parecía todo eso ante ojos creadores. El creador quiso apartar la vista de sí mismo, - entonces creó el mundo.

Ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo. Ebrio placer y un perdersea-sí-mismo me pareció en otro tiempo el mundo. Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción
eterna - un ebrio placer para su imperfecto creador: - así me pareció en otro tiempo el mundo.
Y así también yo proyecté en otro tiempo mi ilusión más allá del hombre, lo mismo que todos los trasmundanos. ¿Más allá del hombre, en verdad? ¡Ay, hermanos, ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, como todos los dioses!
Hombre era, y nada más que un pobre fragmento de hombre y de yo: de mi propia ceniza y de mi propia brasa surgió ese fantasma, y, ¡en verdad!, ¡no vino a mí desde el más allá!

¿Qué ocurrió, hermanos míos? Yo me superé a mí mismo, al ser que sufría, yo llevé mi ceniza a la montaña, inventé para mí una llama más luminosa. ¡Y he aquí que el fantasma se me desvaneció!

Sufrimiento sería ahora para mí, y tormento para el curado, creer en tales fantasmas: sufrimiento sería ahora para mí, y humillación. Así hablo yo a los trasmundanos. Sufrimiento fue, e impotencia, - lo que creó todos los trasmundos; y aquella breve demencia de la felicidad que sólo experimenta el que más sufre de todos. Fatiga, que de un solo salto quiere llegar al final, de un salto mortal, una pobre fatiga ignorante, que ya no quiere ni querer: ella fue la que creó todos los dioses y todos los trasmundos.

¡Creedme, hermanos míos! Fue el cuerpo el que desesperó del cuerpo, - con los dedos del espíritu trastornado palpaba las últimas paredes. ¡Creedme, hermanos míos! Fue el cuerpo el que  esesperó de la tierra, - oyó que el vientre del ser le hablaba. Y entonces quiso meter la cabeza a través de las últimas paredes, y no sólo la cabeza, - quiso pasar a «aquel mundo». Pero «aquel mundo» está bien oculto a los ojos del hombre, aquel inhumano mundo deshumanizado, que es una nada celeste; y el vientre del ser no habla en modo alguno al hombre, a no ser en forma de hombre.
En verdad, todo «ser» es difícil de demostrar, y difícil resulta hacerlo hablar. Decidme, hermanos míos, ¿no es acaso la más extravagante de todas las cosas la mejor demostrada?
Sí, este yo y la contradicción y confusión del yo continúan hablando acerca de su ser del modo más honesto, este yo que crea, que quiere, que valora, y que es la medida y el valor de las cosas.

Y este ser honestísimo, el yo - habla del cuerpo, y continúa queriendo el cuerpo, aun cuando poetice y fantasee y revolotee de un lado para otro con rotas alas. El yo aprende a hablar con mayor honestidad cada vez: y cuanto más aprende, tantas más palabras y honores encuentra para el cuerpo y la tierra. Mi yo me ha enseñado un nuevo orgullo, y yo se lo enseño a los hombres: ¡a dejar de
esconder la cabeza en la arena de las cosas celestes, y a llevarla libremente, una cabeza terrena, la cual es la que crea el sentido de la tierra!
Una nueva voluntad enseño yo a los hombres: ¡querer ese camino que el hombre ha recorrido a ciegas, y llamarlo bueno y no volver a salirse a hurtadillas de él, como hacen los enfermos y moribundos!
Enfermos y moribundos eran los que despreciaron el cuerpo y la tierra y los que inventaron las cosas celestes y las gotas de sangre redentoras: ¡pero incluso estos dulces y sombríos venenos los tomaron del cuerpo y de la tierra! De su miseria querían escapar, y las estrellas les parecían demasiado lejanas. Entonces suspiraron: «¡Oh, si hubiese caminos celestes para deslizarse furtivamente en otro ser y en otra felicidad!» - ¡entonces se inventaron sus caminos furtivos y sus pequeños brebajes de sangre!.
Entonces estos ingratos se imaginaron estar sustraídos a su cuerpo y a esta tierra. Sin embargo, ¿a quién debían las convulsiones y delicias de su éxtasis? A su cuerpo y a esta
tierra.
Indulgente es Zaratustra con los enfermos. En verdad, no se enoja con sus especies de consuelo y de ingratitud. ¡Que se transformen en convalecientes y en superadores, y que se creen un cuerpo superior!
Tampoco se enoja Zaratustra con el convaleciente si éste mira con delicadeza hacia su ilusión y a medianoche se desliza furtivamente en torno a la tumba de su dios: mas enfermedad y cuerpo enfermo continúan siendo para mí también sus lágrimas.
Mucho pueblo enfermo ha habido siempre entre quienes poetizan y tienen la manía de los dioses; odian con furia al hombre del conocimiento y a aquella virtud, la más joven de todas, que se llama: honestidad.
Vuelven siempre la vista hacia tiempos oscuros: entonces, ciertamente, ilusión y fe eran cosas distintas; el delirio de la razón era semejanza con Dios, y la duda era pecado.
Demasiado bien conozco a estos hombres semejantes a Dios: quieren que se crea en ellos, y que la duda sea pecado. Demasiado bien sé igualmente qué es aquello en lo que más creen ellos mismos.
En verdad, no en trasmundos ni en gotas de sangre redentora: sino que es en el cuerpo en lo que más creen, y su propio cuerpo es para ellos su cosa en sí.
Pero cosa enfermiza es para ellos el cuerpo: y con gusto escaparían de él. Por eso escuchan a los predicadores de la muerte, y ellos mismos predican trasmundos.
Es mejor que oigáis, hermanos míos, la voz del cuerpo sano: es ésta una voz más honesta y más pura.
Con más honestidad y con más pureza habla el cuerpo sano, el cuerpo perfecto y cuadrado: y habla del sentido de la tierra.


Así habló Zaratustra.