Desilusionando profecías autocumplidoras

Durante los últimos meses del 2015 estaremos viviendo una cualidad astrológica que podríamos decir que invita a "desenmascarar" algunos profetas engañosos, como quien desilusiona verdades huecas, o en todo caso, logra que la profecías no se cumpla... 
Mejor sincerarnos profundamente sobre los supuestos básicos en los que confiamos ciegamente, para saber en que ejes nos apoyamos y transitar la vida cotidiana con más confianza.


Recordemos que Urano en Aries y Plutón en Capricornio, están trayendo reestructuraciones y destrucción de lo caduco, poniendo en juego un sentido de auto-empoderamiento para dar lugar a potentes cambios en la cultura humana a nivel mundial.
Desde hace un año, Júpiter estuvo en Leo, amplificando la imagen que tenemos de nosotros mismos, alimentando el fuego interior con un trígono de Urano en Aries para que avancemos por un camino que tenga corazón; mientras que ya desde fines del 2012, Saturno transitando Escorpio nos acompañó a descender al sótano, a verle la cara a nuestros miedos y tabúes, y traer a la superficie algunos escombros del pasado, de lo que está remodelando Plutón en Capricornio.

Ahora y hasta mediados de 2016, se está formando una T cuadratura con Júpiter en Virgo en oposición a Neptuno en Piscis, ambos en cuadratura a Saturno en Sagitario. Esta tensión creativa invita a que desenmascaremos las imágenes con las que velamos el contacto con la profundidad de nuestras fantasías y deseos. Es un tiempo clave para cuestionar radicalmente a los guías en los que confiamos para comprender la realidad, y ver a qué autoridades le damos la palabra para que nos ayuden a transitar por nuestro mundo.

Tal vez sin darnos cuenta, día tras día alimentamos ciertas verdades, ya sea mediante discursos que sin filtrar reproducimos en nuestra praxis cotidiana, o bien validándolas como si fueran obvias, proyectadas en autoridades a las que admiramos o tememos, pero no cuestionamos. Esto es una tendencia automática de la mente, una cuestión de economía cognitiva de la vida cotidiana. Sin embargo este es un tiempo valioso para aprovechar y reflexionar sobre qué tan real sentimos algun creencia que sostenemos, en vez de quedar atrapados en las fantasías de un mundo externo que nos impone un dogma que oprime y oscurece nuestra vida, nos aísla de los otros, mediante marcos rígidos que hasta nos pueden llevar hasta la profecía autocumplida, el boicotearse inconscientemente, de un modo que puede resultar hasta destructivo, como quien se choca negligente contra la pared de lo conocido por andar ciego a sus cordones desatados.

Si se quiere, es tiempo de cachetearse contra la realidad, y hacer una buena (auto)hiper-crítica, cuestionar profundamente donde sea que escuchemos algo que nos suena dudoso, enfrentarnos con nuestras suposiciones y proyecciones para reflexionar si realmente son así las cosas o lo estamos fantaseando, y deconstruír algunos de los juicios y discursos con los que nos manejamos cotidianamente; no necesariamente para deshacernos de nuestros ideales, sino al menos para sincerarnos al respecto de cuáles son los fundamentos, y pulirlos para que estén a nuestro favor en vez de que se nos vuelvan en contra, como fantasmáticas que sesgan y ciegan el contacto emocional y el sentido de que hay algo profundo y trascendente en lo que uno va haciendo y sintiendo. 


Las consecuencias de este proceso reflexivo
pueden ser ser muy desilusionantes, como por ejemplo, ver derrapar algún "iluminado" en el que uno confiaba, como quien corre desnudo bajo el sol en su delirio mesiánico egocéntrico, echando no más que sombra sobre la realidad... pero también pueden caer buenas fichas, que agudicemos nuestra sensibilidad en la incertidumbre, y desarrollemos una visión más nítida de las cosas, para encontrarnos en un lugar más creativo, avanzar hacia metas que tengan sentido para nosotros mismos, y que sean también un aporte valioso a los demas y un servicio honrado hacia la totalidad.


Esta potente luna llena del sábado 29 de agosto en Virgo-Piscis, es la última antes de los eclipses de septiembre, y activa como dijimos a Júpiter y Neptuno; podemos aprovechar este fin de semana, que Saturno todavía está en Escorpio, para hacer un repaso de lo que trajeron los últimos dos años y medio de reestructuración emocional, evitando tropezarnos con las mismas piedras, cuando Saturno pase en unos días saturno a Sagitario. 

Pararse un momento para limpiar el interior de la lámpara con la que iluminamos nuestros pasos... ver si el cristal está rayado, y si está roto mejor ir haciendo un recambio, para poder ver mejor sobre qué piso estamos parados, antes de empezar a hacer el intento de tensar el arco y disparar...

Prometeo y el arte de robar el fuego


(Artículo robado como el fuego del blog "Artículos interesantes sobre astrología")

 

 PROMETEO, El Titán

¿Qué hay en la esencia del propósito uraniano y cuál es la naturale­za del dios? Empezaremos con Prometeo, porque, entre los astrólogos más entendidos, él es la figura que más a menudo se asocia con Urano. Todos deberían leer el pequeño libro de Rick Tarnas, titulado Prometheus the Awakener [Prometeo, el que nos hace despertar]. Resulta muy útil abordar a Urano mediante la exploración de esta figura. Si bien en el mito no hay ninguna historia que implique una conexión directa entre el dios celestial Ouranos y el Titán Prometeo, todos los Titanes (incluido Prome­teo) descienden de este dios.
Probablemente ya todos conocen en líneas generales el mito princi­pal de Prometeo. ¿Hay alguien que no? Bien, eso me evita tener que contar toda la historia. Pero podríamos enfocarnos, para mejor provecho, en ciertas características importantes. Antes que nada, deberíamos consi­derar su naturaleza titánica y lo que ella implica. Los Titanes no son dio­ses en el mismo sentido que los del Olimpo, como Zeus/Júpiter o Afrodita/ Venus. Los mitos, igual que los sueños, son sumamente precisos cuan­do describen algo. No son imprecisos ni descuidados ni ambiguos, aun­que evolucionan con el tiempo y cambian, ya que sufren adaptaciones por las necesidades de las distintas culturas a lo largo de la historia. Los mitos son muy específicos en la manera en que plantean las cosas, de modo que, si en un mito una figura divina es un Titán y no un dios olímpi­co, esto nos dice algo muy importante. Los Titanes son los hijos del cie­lo, pero son espíritus terrestres y están corporizados, porqu e su madre es Gaia, la Tierra.
Entonces, Prometeo en verdad no es un habitante del reino celes­tial. Tiene un espíritu uraniano, pero su cuerpo está hecho de tierra, y puede sufrir dolor, como siempre termina haciéndolo. Se podría decir que en cierto modo está conectado con el espíritu celestial o divino encarna­do; en otras palabras, con el costado de las aspiraciones o visiones de la naturaleza humana, contenidas en el mundo de la forma. De hecho, a Prometeo -cuyo nombre significa 'pre-visión'- se le adjudica la creación de los seres humanos, a quienes forma de arcilla, después de lo cual Atenea les insufla vida para animarlos.
Prometeo es un mago, un artista y un portador de cultura. Les ense­ña astrología, arquitectura y navegación a los seres humanos: de hecho, todo lo que involucre el conocimiento de cómo funciona el sistema cós­mico u holístico. Al respecto, es distinto de otros portadores de cultura que ofrecen artes u oficios muy específicos, como el tejido (don de Atenea). El conocimiento de Prometeo siempre incluye algo celestial o cósmico que se traslada a la forma terrena. Para la arquitectura se nece­sita entender de geometría, que, como todos los idealistas platónicos saben, tiene en última instancia una naturaleza cósmica; la astrología y la astronomía, obviamente, son aspectos del conocimiento cósmico. Debemos tener una amplia comprensión de todo el sistema para que estas artes y ciencias funcionen. Entonces, Prometeo es una especie de daimon inspirador. Es una fuerza dentro de la psique, que tiene acceso al cono­cimiento sobre el modo en que funciona el sistema cósmico y sabe cómo aplicarlo a los asuntos cotidianos de los seres humanos.
Lo más importante es que Prometeo roba el fuego cósmico y se lo entrega a los seres humanos, contra los deseos de Zeus. Este es un tema que ha fascinado a artistas y escritores a lo largo de los siglos. ¿Qué significa eso de robar el fuego? Si podemos comprenderlo, habremos aprehendido con qué se relaciona Urano en realidad. Rick Tarnas asocia al fuego de Prometeo con "la chispa creativa, el avance cultural y tecno­lógico, el aumento de la autonomía humana, el don liberador de los cielos, la iluminación repentina, el despertar intelectual y espiritual"2. Yo agrega­ría otra interpretación a esta lista: Prometeo les roba a los dioses el poten­cial de la conciencia. El fuego del que se apropia es solar, es la chispa divina de la inmortalidad, de la conciencia del yo, que existe dentro de cada ser humano. Es también el fuego de la imaginación y de la visión, a través del cual la divinidad solar y la creatividad individual se hacen conocer.
El fuego en las mitologías del mundo siempre está asociado a la divinidad y al espíritu eterno, y seguimos preservando este simbolismo en expresiones tales como la "llama eterna" en la Tumba del Soldado Desconocido o en el Monumento al Holocausto en Jerusalén. Estas lla­mas, dado que arden permanentemente, nos recuerdan que, si bien los individuos murieron, tienen vida eterna. En la historia de Prometeo, cuando los seres humanos fueron creados, no recibieron el don del fuego, por­que si lo hubieran tenido habrían sido como dioses, habrían poseído el poder de crear igual que ellos, pero Zeus lo prohibió y, como resultado, los humanos fueron como las bestias, colectivos en esencia y sumamente sujetos a las fuerzas de la naturaleza. En otras palabras, no tenían con­ciencia de sí mismos ni de su poder creativo.
Prometeo, con su don de la pre-visión, vio el potencial de la concien­cia humana, y esa es otra característica sumamente importante de esta figura titánica. Tuvo la visión de lo que los seres humanos podían ser si se les permitía satisfacer el potencial que les había sido dado. Enton­ces, se opuso a los dictados de Zeus, le robó una pequeña chispa de fuego solar, la escondió en el hueco del tallo de un hinojo y bajó con ella a la tierra, donde se la entregó a los seres humanos. No se lo dio a una persona especial o elegida, sino a todos. Como resultado, re­cibió un terrible castigo por ese pecado del robo -como fueron castiga­dos los seres humanos- por intermedio de Pandora, con su famosa caja de aflicciones, aunque, una vez que la humanidad tuvo el fuego, ya no fue posible quitárselo.
Hay muchos temas interconectados en este mito. El robo del fuego solar, la retribución divina y la visión del potencial humano son imágenes arquetípicas fundamentales. A partir de ellas podemos empezar a hacer­nos una idea de lo que podría ser el núcleo de Urano. Urano puede ver lo que es posible, porque hay conocimiento de cómo funciona el sistema cósmico. No es preconocimiento "parapsicológico". La "pre-visión" de Prometeo es exactamente eso, la capacidad de ver por adelantado; es visionaria más que parapsicológica o instintiva.
Urano ve las cosas con claridad, y reconoce patrones y potenciales que pueden definirse. Prometeo, que es un espíritu uraniano, puede ver con anticipación basándose en su conocimiento del modo en que funcio­na el proceso evolutivo cósmico. Sabe que si se les entrega el fuego a los seres humanos ocurrirán ciertas cosas, se alcanzarán ciertos poten­ciales. Tiene pleno conocimiento de cuáles son esos potenciales porque, en primer lugar, fue quien creó a los seres humanos. Dado que les trajo el fuego, pueden aprender las ciencias y artes que él enseña, y aplicar­las con inteligencia y creatividad, en lugar de repetirlas de memoria. Comprenden lo que él enseña, con todas las implicancias y posibilida­des, porque tienen la chispa del fuego solar. El conocimiento y el fuego van de la mano. A un nivel más profundo, son la misma cosa.
Lo que enseña Prometeo es el fuego solar. En la obra de Esquilo ti­tulada Prometeo encadenado, el Titán hace un soliloquio mientras per­manece encadenado a su montaña. Primero, habla del doloroso estado en el que la humanidad se encontraba antes de su intervención:
Al principio, aunque veían, veían en vano. Y oían, pero sin entender. Como imágenes de ensueño, vivían en confusión a lo largo de toda su vida. Nada sabían de las casas de ladrillo que capturaban la calidez del sol. Nada sabían de carpintería.
Luego habla de todas las cosas que les ha entregado a los seres humanos:
[...] Les enseñé la salida de las estrellas y ocasos difíciles de recono­cer. Y encontré Número para ellos -el principal mecanismo de todos-y agrupamientos de letras, esa memoria tallada que es la madre de las Musas.
En efecto, les ha dado a los hombres el medio de dominar la naturaleza, a través del poder de la visión y del conocimiento de los patrones y leyes más elevados. Esto les permite liberarse de la esclavitud de los ciclos instintivos de la tierra y tomar el dominio del planeta en el que vi­ven. Pueden crear lo que de manera eufemística llamamos civilización. Ese es el resultado del fuego que roba Prometeo; o, al decir de Esquilo, que nos ofrece el verdadero remate del "chiste" uraniano:
Liberé a los hombres de la contemplación de la muerte.
Si consideramos a Prometeo como una imagen psicológica, y lo en­tendemos como algo que está en el interior de todos los seres humanos, podemos empezar a reconocer el modo en que opera este espíritu uraniano desde los albores de la historia de la humanidad. Por cierto, ha existido a pesar del hecho de que el planeta recién fue descubierto en 1784, pero, desde entonces, colectivamente hemos tomado conciencia de poseerlo, aunque sea de una manera vaga y torpe, y el descubrimien­to de Urano coincide con el nacimiento de lo que se ha dado en llamar el Siglo de las Luces; pero seguiré hablando de esto más adelante. George Bernard Shaw una vez dijo que el hombre equilibrado acepta al mundo tal como es, el desequilibrado intenta cambiarlo permanentemente; por lo tanto, todo progreso depende del hombre desequilibrado. Será que, tal vez, debamos ser un poco locos para recibir lo que Prometeo trata de enseñarnos.
Si pensamos en cómo evolucionan los animales y las plantas, pode­mos ver que no avanzan como lo hacemos nosotros; no sienten el impul­so de dominar a la naturaleza por una visión de potencial perfección. Ellosevolucionan a partir de la necesidad. Los cambios en los reinos de la naturaleza se producen de manera muy lenta y en concordancia con las presiones del clima, del alimento disponible y del peligro de los predado­res; son parte de una vasta red de vida que se encuentra interconectada y se desarrolla lentamente, de la que nuestros antepasados tenían ple­na conciencia, aunque nosotros recién ahora estamos empezando a re­conocerla como parte de nuestra cosmovisión moderna. Pero el ser hu­mano, que es el receptor del don del fuego solar, tiene esa idea irrefre­nable de que puede, de un modo u otro, conquistar los poderes y patro­nes de la naturaleza.
Con toda claridad podemos ver el funcionamiento de Urano en la historia si comprendemos la visión de Prometeo. En d iversas coyuntu­ras, el individuo -o un grupo de individuos- de repente experimenta una revelación de que algo se puede mejorar, transformar, liberar o cambiar; los potenciales que antes no se habían detectado, súbitamente se tor­nan obvios. Urano siempre parece llevar una visión del potencial huma­no: el potencial de ser como dioses, de crear un universo; he aquí al hombre queriendo ser dios. El mismo Titán Prometeo no quiere ser dios -si bien no pertenece al Olimpo-, no se apropia del fuego solar para sí mismo, aunque lo hubiera podido hacer con toda facilidad. Lo que hace es darles a los seres humanos el deseo de ser dioses, al brindarles la visión para reconocer los potenciales divinos.
Greene, Liz, URANO EN LA CARTA NATAL. Prometeo y el arte de robar el fuego., Ed. Kier, Bs. As., 2007, pp. 14-19 (ver)


Astrología oracular y contemporánea



Suele verse difundida al público una astrología adivinatoria y predictiva, que en su vertiente más pedorra la encontramos en diarios y revistas como horóscopos de la suerte para los tiempos que corren según tu signo solar, que frecuentemente no tienen firma ni están escritos por astrólogos. Atravesando una amplia escala de grises, hay una vertiente muy rigurosa conocida como "astrología horaria”, que también es predictiva pero cuya función es más bien oracular, es decir que se dedica a responder preguntas.
En general los astrólogos argumentan que es la “sincronicidad” lo que fundamenta estas prácticas: “como es arriba es abajo, así que miremos para arriba para comprender lo que está abajo". Muchas veces se agrega incluso, una elección consciente del momento en el que realizar un acto o decisión, es decir, "hagamos las cosas aquí abajo cuando más convenga según lo que está arriba”. Sin embargo, esta astrología que pretende instrumentar la sincronicidad a favor de los deseos del yo consciente que consulta, se fundamenta más que en la sincronicidad, en el gen del cagaso controlador reptiloide que tenemos adentro. Frecuentemente se consulta a los astrólogos para asegurarse que los astros estén a favor del consultante al iniciar una empresa o casarse, cosa de poder echarle la culpa a algo o alguien externo después, o en todo caso, asegurarse el “sabio” astrólogo una clientela estable y dependiente, que lo consulte miedosamente ante cada cambio o decisión importante que tenga que tomar.
Esta predisposición deviene en supersticiones de todo tipo, y algunos incluso han desarrollado conjuntos de rituales adosados a sus prescripciones, como “qué día conviene hacer plantar las moneditas para generar riquezas”, lo que se presta muy fácilmente a asociación con ideas como “este mes los días múltiplos de 3 el amor está a tu favor” y “cuál es el arcano de tarot para este año según la numerología”.
Recordemos que los calendarios están relacionados con los ciclos solares o lunares, y algunos más que otros. Puede haber fechas fruto de patrones matemáticos que llaman la atención, como el 11/11/11 o las “lunas azules” que hay una vez cada año, fechas a las que se les suele atribuir propiedades mágicas que potenciarán tus rituales. Por más que los calendarios rijan la vida mental de grandes masas humanas, son configuraciones que nacen en el orden socio-cultural y pertenecen al nivel mental. Sabemos que el nivel mental puede afectar la realidad física, por lo tanto no pretendo decir que estas fechas no puedan tener alguna propiedad especial que se pueda utilizar para hacer algún ritual; sin negar el potencial oracular de la astrología, lo que pretendo señalar es que las más de las veces se mezclan estas cosas que tienen poco y nada que ver con la astrología, la cual excede ampliamente el nivel de la mentalidad cultural y se sostiene en cambio en fuerzas telúricas de escala interplanetaria que operan de un modo incontrolable para la voluntad humana.
Resulta valioso sincronizarse con las fases de la luna, y tener en cuenta las fases de ciclo de los demás planetas, por ejemplo cuándo están retrógrados, para enfocar la conciencia en el proceso y comprender mejor el significado de los resultados obtenidos. Sin embargo son relativamente pocas las personas que se manejan con esa conciencia, y además hay que admitir que no hace falta saber astrología para estar en sintonía con ese proceso; mientras que hay una gran mayoría, que incluso a pesar de saber sobre astrología, sigue débilmente los consejos unilaterales de un manojo de charlatanes y parásitos, que en nombre de la astrología se llenan los bolsillos con mucha parafernalia y poca sabiduría, ofreciendo por televisión (y canales de youtube) soluciones mágicas que cumplirán los deseos de sus clientes. Esto es un grave mal de época que debe distinguirse con claridad de la astrología que se aplica a facilitar el desarrollo de la conciencia de individuos y grupos hacia niveles transpersonales; es decir, una astrología que resulta terapéutica porque "devuelve el alma al cuerpo", en la realización de que estamos entramados ecológicamente en una red vincular, que está viva y que pulsa, con ritmos y frecuencias.
Ese nivel de la experiencia en el que el ego “independiente” se ve cacheteado por la realidad, para que despierte, vuelva a su eje, y se abra a una dimensión trascendente, tomando conciencia de ser “interdependiente”, ese es el nivel cuya navegación la astrología contemporánea facilita en su potencial más interesante. Es una vertiente de la astrología que no determina nada, y que en cambio confía en la creatividad humana, trascendiendo la tradición oracular y predictiva, para que se abran los límites de la conciencia egoica social a la percepción del entramado planetario del que se nutre el ser auténtico. Esta es la función del renacimiento de la astrología en el mundo actual, a partir de la reconexión con una vincularidad creciente del cosmos, fruto bastardo de la mediación tecnológica de los desarrollos de la modernidad.

Si la astrología se utiliza como una herramienta para justificar la imagen que tenemos de nosotros mismos, o para controlar mediante rituales las consecuencias de nuestros actos, se queda en la axiomática de la astrología medieval, para "reyes", que sobrevive satisfaciendo las demandas egoicas de las autoridades que la financian. Así se pierde el enorme aporte que puede hacer la astrología contemporánea, humanista y por definición revolucionaria, que no mira hacia arriba para bajar la cabeza, acatar y hacer abajo, sino que mira hacia arriba mientras acompaña el movimiento desde abajo, para elevar nuevas historias en vez reproducir las de siempre; una astrología liberadora, que rompe las cadenas y se eleva radicalmente de las bases tradicionales, proponiendo en cambio facilitar una conexión profunda con lo que somos, para dar cauce a las fuerzas de la vida que vibran a través nuestro, y realizar lo que la vida quiere de nosotros, para que recordemos y expresemos nuestro potencial creativo y nos abramos a explorar las múltiples dimensiones del ser, con amor y sin miedo, para generar cambios de raíz en la mentalidad cultural y ser testigos de verdaderas transformaciones en el medio que nos rodea.

Cristal, Código, Matriz


(Recorte y adaptación del capítulo 4 'El Ternario del Conocimiento' de "Astrología: El Manifiesto", Patrice Guinard; tesis doctoral en Filosofía de la Universidad de la Sorbona, París, 1993; traducción al español por Ángeles Rocamora en 2003)



     La realidad aparece en la consciencia según tres modalidades distintas

  • Objeto, Físico
  • Signo/Señal Mental
  • Estado Psíquico

     De esta división podemos inferir que existen en tres espacios mayores en el desarrollo del conocimiento, tres tipos de "ciencias" que los cubren

  • de los OBJETOS: bio-químico-físicas, empírico-analíticas; observan, miden, experimentan y modelan los fenómenos materiales
  • de los SIGNOS/SEÑALES: "sociales" o "humanas"; histórico-hermenéuticas; conciernen al reagrupamiento de los testimonios y a la interpretación de la actividad cultural
  • de los ESTADOS: astrología y disciplinas conexas, las cuales aprehenden la realidad a través de la totalidad del ser psíquico

     Esta distinción se inspira en Wilhelm Dilthey, Charles Peirce y Jürgen Habermas. Para Habermas, la tercera categoría, las "ciencias de vocación crítica", comprende esencialmente el psicoanálisis freudiano y la sociología neo-marxista. Sin embargo, sólo la astrología posee la capacidad crítica de rendir cuentas diferencialmente de las idiosincrasias y de las mentalidades.

     A cada uno de estos tipos de "ciencia" corresponde una forma de organización arquetípica, de estructura ideal, elaborada o desvelada según tres fases sucesivas: observación, formalización, transformación.

  • El CRISTAL: estructura empírico-analítica, forma ideal de las relaciones entre los objetos, ya sean éstos "naturales" en el caso de las ciencias físicas, o abstractos, ideales, como los números, figuras, funciones y conjuntos de las matemáticas. Es lo que en la modernidad se ha llamado "ciencia". Tres fases caracterizan el enfoque científico:
  1. La observación empírica y el registro de los hechos.
  2. La elaboración por inducción de leyes que establecen las modalidades de variación de la diversidad de los objetos y se organizan en el seno de teorías.
  3. La experimentación y la transformación del objeto en vistas a establecer nuevas conexiones, que permiten renovar el proceso de observación y redefinir precisamente lo que debe ser considerado como "hecho".
  • El CÓDIGO: estructura histórico-hermenéutica (lingüística, semiológica, socio-histórica), es la forma ideal de las relaciones entre señales en el seno de un complejo socio-cultural dado. La unidad lingüística no posee realidad independientemente de sus relaciones con el todo: se define a la vez por el lugar que ésta ocupa en el seno de la red de relaciones que constituyen la lengua, y por lo que difiere positivamente de otras unidades comparables. Tres fases caracterizan el enfoque cultural:
  1. La recogida y el registro del material accesible (datos linguísticos, archivos y documentos históricos, testimonios sociológicos y etnológicos, informaciones culturales diversas).
  2. La caracterización de los elementos recogidos y su comparación a través de sus diferencias significativas.
  3. La reorganización de los elementos a través de sus funciones respectivas, y la interpretación de los documentos en relación a esta organización. Esta gestión no busca explicar un fenómeno, sino describir e interpretar datos, dicho de otro modo, dilucidar el sentido de los diversos productos de una cultura en función de los modelos interpretativos que habrán sido elaborados. El Código se extrae del pasado, identificado a través de sus formas re-conocidas, abierto a cualquier nueva tentativa de formalización y a toda información susceptible de modificarlo.

  • La MATRIZ, estructura astrológica psico-sintética, es la forma ideal de las relaciones entre estados. Ésta ilustra la organización de una realidad potencial, intangible, invisible, liminal, inconsciente. Las impresiones que suscitan no son los estados psíquicos, sino las formas "mínimas", arquetípicas, en número limitado, quienes los inervan. A semejanza del Cristal y del Código, tres fases caracterizan la gestión psico-sintética:
  1. La visualización, por "observación abstractiva" (Peirce), de la organización circular de la psique y de la interdependencia de sus elementos.
  2. La asignación por abducción de las formas arquetípicas y su simbolización.
  3. La integración de lo posible por la repartición de las entidades y por la distribución de las perspectivas.
     Charles Peirce especificó en sus escritos la existencia necesaria y lógica de una facultad de observación abstractiva que asegura la coherencia de la realidad aprehendida y que permite "descubrir lo que debe ser y no simplemente lo que está en el mundo real". A este modo de aprehensión de la realidad corresponde el razonamiento por abducción, susceptible de identificar una realidad inverificable. La abducción se distingue de la deducción, modo de razonamiento propio de la lógica formal y de la inducción, propia del método experimental. La gestión astrológica no busca ya explicar un fenómeno, ni interpretar datos, sino comprender una realidad subyacente, en cuanto que los fenómenos y datos culturales encuentran su fuente en la psique.

     La Matriz es a la vez presente e intemporal: concuerda con el momento presente, perpetuando un fondo permanente y preexistente. La astrología es el hogar de una comprensión estructural de la psique. La comprensión astrológica difiere tanto de la explicación de las ciencias duras como de la interpretación de las ciencias "humanas". Comprender, en el sentido astrológico, es razonar por abducción, es respetar una lógica matricial, no identitaria. No es demostrar, es mostrar. Ningún método filosófico o hermenéutico, ninguna técnica analítica o aún estadística, rinde cuenta de ella sin degradarla.

     El pensamiento matricial se une, no a unificar la multitud de representaciones mentales, sino a preservar la organización de lo múltiple que se sitúa más allá de estas representaciones. Consiste en pensar pluralmente la pluralidad. La astrología no puede definirse más que en el espacio que es suyo: el espacio igualitario de la potencialización cualitativa del psiquismo.