Sobre las proyecciones

Suele ligarse a la astrología con “el cielo” y al tarot con los fenómenos “psíquicos”, cuando más bien digamos que la astrología se ocupa de la relación cielo-tierra, mientras el tarot refleja el plano psíquico a través de imágenes en un medio físico. Por polaridad, excluír perceptivamente una cara de un fenómeno, la hace aparecer manifiesta como un fantasma o una “más-cara” sin cuerpo en otro lugar interno, como una sombra en un espejo oscuro... Este lugar "oscuro" es fértil para convertirse fácilmente en un chivo expiatorio donde se proyecta lo negado y desconocido de mismo y cualquier propio nudo no-consciente.

Para evitar o desatar estos enrosques se recomienda empezar por relajarse un poco y asumir la relatividad de cada punto de vista, para empezar a reflexionar sobre la naturaleza del cristal que compone cada lente. 

Sin embargo la proyección es inevitable y dinámica en la comunicación. Por lo general sin reconocerlo ponemos activamente al otro en un lugar donde se le suponen expectativas no reconocibles por uno mismo. Si ocurre la sinergia, esa ceguera inicial de la polarización genera una danza que avanza hacia un destino signado por el punto de partida, aunque a su vez imposible de predecir por la creatividad inherente de los procesos vitales. El recorrido inexorable es atravesar el derrumbe de los fatalismos reduccionistas en el autoboicot de las estrategias inicialmente exitosas, pero fundamentalmente controladoras y manipuladoras, que se toxifican bastante típicamente en culpógenas y estériles en su polémica.

Digo, cuando discutimos con una postura, en general es una proyección del residuo de nuestro propio modo de pensar, acusando de maldad o de incoherencia sin reconocer la propia saña malsana.

Por el pensamiento binario categorizamos más cuadrado, y por eso podemos llegar a plantearnos que el tarot o la astrología son algo espiritual o psíquico, y no también físico, artístico, eidético, etc. También podemos pensar que es una pseudociencia religiosa y por ende atribuírle una ideología autoritaria. En ambos casos opera el reduccionismo y la proyección culpógena.
 

Puede ser nefasto que se traspapele una dimensión porque deja un agujero negro de aquellos... Cualquier Otro es un Misterio, y a veces se vuelve preocupante el mal que los miedos no reconocidos pueden generar. Si no fluye el coraje, el corazón se estanca y al subir las aguas, se apaga el fuego y aparecen los dolores de articulación, la hinchazón por acumulación de pasado, la tos nerviosa, la irritación y otros males.

Estas reacciones alérgicas a lo desconocido son socialmente aceptadas como pantomimas de pertenencia social, neutralizando la importancia radical de la salud espiritual, que se convierte en un atributo de seres sobrenaturales que son inmediatamente idolatrados y endiosados por el mismo mecanismo del pensamiento binario. La pregunta es… ¿puede realmente haber individuos que posean más atributos espirituales que grado de pertenencia natal a un linaje cultural, o identidad a si mismos? Mi respuesta es NO: todos tenemos atributos "espirituales" justamente por auto-similaridad cósmica y pertenencia a un determinado espacio-tiempo diferenciable


Muchas veces proyectamos, pero también nos colgamos proyecciones ajenas, que terminan siendo nuestra auto-trampa. En vez de cuestionarnos y movernos, quedamos ubicados en cómodos lugares comunes, corsetes de falsa conciencia. Una expectativa frecuente sobre los idolos, es su posibilidad de "traer algo del futuro" o digamos, de predecir algún suceso. Sin querer logramos que ocurra lo que pretendíamos que iba a ocurrir, o lo efectivizamos intencionalmente aplicando un poco de ciencia. 

Al fin y al cabo, han recibido los astrólogos por parte de los "modernos" una desestimación inmerecida por sus intentos de aportar algo útil a la sociedad con sus aproximaciones predictivas analógicas. Incluso más ampliamente se ha condenado peor aún la utilización de la vía intuitiva directa hacia la realidad, considerándola vaga, cuando no primitiva, retrógrada, aberrante, herética o demoníaca. Es un claro chivo expiatorio del pensamiento moderno, que dista de asumir explícitamente las bases de su epistemología materialista. Se cuestiona al Otro, tanto sea por que lo haga bien o mal, criticandolo sin en el fondo poder comprenderlo...

En los albores del siglo veintiuno hay una búsqueda extendida por salirse de estos esquemas mercantilizadores. Empero, cuando la haces bien, siempre hay alguien para juzgarte, negativa o positivamente, según las famosas categorías cuadraditas y culpógenas que son parte de aquella dinámica polar, incluso peor cuando están teñidas entre alabanzas por humildad y odas espirituales o alusiones a la divinidad. Aún, hay gente a la que le encanta ocupar ese papel en vez de asumir que lo suyo ni siquiera es la humildad, sino la aceptación de las propias limitaciones, capacidades y clarificación de lo que se tiene para dar. Luego están quienes se decepcionan ante la incapacidad de respuesta a la expectativa, cuestionando los propios logros; o por la inversa, aplaudiendo el colmo del lugar común.

La decepción y la desilusión son parte del proceso de la realidad. El problema es la intolerancia que enmascara un agujero negro por no poder tolerar su presencia, en vez de sentir lo que hay más allá realmente. No para decir que uno sabe mejor cómo es, sino para no quedarse pegado a la apariencia y a la imagen como una cáscara de kinder vacía.

Ante la dificultad actual para la entrega a lo desconocido, existen numerosas nuevas herramientas que mantienen todo bajo control y atraen buenos espíritus, o alejan a los malos. Desde las aplicaciones en el celular para saber en qué fase está la luna, hasta los aros de cebolla fritos en aceite de coco orgánico; el problema es que confundimos espiritualidad con poder, jugando a conviertir cualquier agujero en una obsesión que deviene en un consumo irrefrenable por taparnos "a la última moda".

No hay comentarios:

Publicar un comentario