Sobre la predicción de Einstein

Hace 100 años, Einstein había predicho la existencia de las ondas gravitacionales, las cuales fuero registradas el 14 de septiembre de 2015, al día siguiente del último eclipse solar en 20º Virgo (ver horóscopo en este blog), el 13 de septiembre.

Sobresalen algunos detalles: por un lado, que haya sido el equipo italo-francés "Virgo" el principal colaborador para la obtención e interpretación de los datos; por otro lado, que el eclipse a 20º Virgo haya ocurrido en oposición casi exacta a la ubicación del sol natal de Einstein, a 23º de Piscis.

Al investigar para esta publicación me enteré de que resulta polémico que tal vez no haya sido Albert Einstein, sino su pareja Mileva Marić, quien hizo esta predicción de las ondas gravitatorias; incluso se dice que fue ella, con su habilidad para las matemáticas, quien creó la famosa fórmula E=MC2. También parece ser que lo que había que registrar durante un eclipse no eran las ondas gravitacionales sino la curvatura de la luz por efecto de la gravedad, pero de todas maneras, en este artículo vamos a ir más allá de los detalles técnicos y teóricos, ya que las noticias lo señalan a él y las ondas gravitacionales siguen habiendo sido registradas horas después de este eclipse. 


Se entiende que esta prueba es un grano de arena más a favor de una cosmovisión superadora de la causalidad lineal newtoniana, todavía vigente en diversos campos del pensamiento. La inercia hegemonizante y machista de la Era de Piscis parece ser vencida por mentes como la de Einstein que, a pesar de haber sido reconocido por aportes que parece haberle robado a su pareja, le regaló a ella íntegramente el premio, mereciéndose tal vez con eso el perdón por su aparente misoginia epocal. Con su vuelo imaginativo pisciano planteó el fundamento para un modelo astrofísico que un siglo después sigue sumando pruebas como gotas de agua o granos de arena, en la dirección de una cosmovisión superadora de la causalidad lineal newtoniana que todavía permea los diversos campos del pensamiento. 

El descubrimiento anunciado de las ondas gravitacionales parece implicar que la astrofísica está empezando a incorporar el sentido del oído para registrar las resonancias musicales del cosmos e interpretar así lo que está más allá del espectro de la luz visible. La incorporación de este sentido al conocimiento de la realidad permitiría ir comprendiendo mejor lo que todavía consideramos materia "oscura" y "deformaciones" del espacio-tiempo.

Hasta ahora el grueso de quienes entendían más o menos de qué va un agujero negro, podían comprender que éstos son lugares de tal gravedad que fagocitan a la luz y cualquier objeto que anduviera cerca, resultando así en atractores alrededor de los cuales orbitan las estrellas, siendo éstos el "corazón" de las galaxias. Trasladando esta concepción al plano interno, podemos reintroyectar una proyección humana, y antropomorfizar los "agujeros negros" mediante una metáfora cuasi-psicoanalítica: nuestros contenidos psíquicos se organizan en espirales complejas en torno a "agujeros" atractores, puntos ciegos que por su enorme gravedad no pueden ser razonados ni vistos directamente con el ojo de la carne... aunque escuchando la música que mana del centro se puede captar la estructura sutil que cohesiona el campo energético o astral.

En mi horóscopo para los eclipses de Septiembre 2015, propuse que estos traían una actualización de nuestra percepción a una mayor resonancia con la totalidad y un llamado a seguir el mensaje que mana de la trompeta del ángel del apocalipsis que abona el cambio de paradigma individual y global, para que se ablanden los miedos y las fronteras del Ego y nos permitamos abrir más el Corazón al Otro. Creo que esto se concreta a un nivel global en la divulgación de este descubrimiento científico días antes del próximo eclipse: al haber "escuchado" por primera vez las ondas gravitatorias que manan de la colisión entre dos agujeros negros, podemos llevar la metáfora antropomórfica un poco más allá, jugando imaginariamente con la posibilidad de que los corazones que se atraen ciegamente por la gravedad de sus centros, al fusionarse expanden ondas "musicales" que pueden modificar el tejido de la realidad.

Tal vez este sea un pequeño pero decisivo paso en el a veces extraviado periplo de la cosmonáutica occidental, hacia el reconocimiento a escala masiva de que, si queremos ver en la aparente oscuridad, cuyo misterio desde el centro al fondo nos magnetiza, debemos empezar por legitimar lo que podemos "sentir que con los ojos cerrados se ve"...

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